Las gaitas colombianas son instrumentos ancestrales que provienen de los indígenas Cunas, Koguis y Zenues que han habitado la costa norte colombiana. Su nombre original en Kogui es kuisi bunsi para la hembra y en kuisi sigi para el macho.

El cilindro de las gaitas está construido de un cactus y otras maderas como cedro, roble o pino; su cabeza es de cera de abejas mezclado con carbón vegetal y su boquilla es de plumas de pato.

La gaita hembra tiene cinco orificios de los cuales se ejecutan los cuatro primeros y es la que lleva la melodía, la gaita macho posee solo dos orificios y lleva el acompañamiento armónico a la vez que su ejecutante con la otra mano ejecuta una maraca.

Originariamente la gaita entre los pueblos indígenas tenía un carácter estrictamente ceremonial y religioso y sus melodías imitaban los sonidos de las aves y la naturaleza. Con el paso de los siglos y gracias a la interacción cultural de los pueblos indígenas con los españoles y sobretodo con los africanos, la gaita experimentó transformaciones en su fisonomía y su interpretación.

Originariamente la gaita no era tan grande y la maraca del machero era más pequeña. Una posible causa de los cambios en el instrumento la generó los tambores africanos, ya que su sonido era mayor al de la gaita por lo cual la opacaba lo que originó el aumento de tamaño de las gaitas y de la maraca.

Las melodías poco a poco fueron más complejas y con el tiempo se le agrego letras a las interpretaciones que eran estrictamente instrumentales.

La música de gaita siempre ha sido parte activa de la cultura costera colombiana, y sus melodías siempre han estado en el repertorio de la música popular y tradicional en Colombia. Además de poseer una fuerte difusión en numerosos festivales musicales en la costas norte colombiana. Actualmente la gaita ha sido incorporada en grupos de todo tipo que van desde orquestas, grupos de rock, jazz y música electrónica.